Guernica seduce con su especialidad vasca

La cocina de El Guernica es un secreto ancestral, donde la gastronomía vasca se impone con todas sus especias y sus sabores tradicionales. Los ingredientes de la cocina vasca son abundantes y variados.  De su amplia variedad destacan las alubias los espárragos y los pimientos. Algunos platos típicos como el marmitako muestran la forma vasca de cocinar, donde se mezclan armónicamente tanto las verduras como el pescado. El bacalao sin duda es uno de los más destacados platos de esta región española. En el Guernica, este viene a ser uno de los manjares favoritos de la clientela junto a la merluza, los chipirones, el Mero y el Salmón.

 En la carta del Guernica se encuentran una variedad de platos que no resistirían la dieta más estricta: lentejas con chorizos, ensalada capresa con anchoas, tortillas de camarones y espinacas, ostras frescas sobre lecho de hielo, así como los camarones al ajillo con vieiras, son apenas unas de las entradas que lucen irresistibles. Para los visitantes, es difícil moderarse ante tanta provocación. Se trata de manjares llenos de sabor que surgen de las manos maravillosas de María Peña. La gerencia está a cargo de Pedro Figueredo, quien le ha dado un vuelco al local de 99 grados, para atraer a toda una clientela deseosa de incursionar en nuevas experiencias en materia de gastronomía.

Platos como el lomo de Bacalao salteado a la oliva con aceitunas negras,  o el salmón en salsa de miel y limón, forman parte de las preferencias de la clientela que a diario abarrota el lugar de lunes a sábado. Ni hablar del churrasco de Mero en salsa verde con vieiras, el filete de Róbalo provenzal y el parguito mariposa. En materia de carnes, la oferta es excelente y resaltan en este renglón la pierna de cordero al horno, el cochinillo y el conejo. También, como infaltables,  se encuentran en la carta  el lomo de cerdo a la vasca, el churrasco de solomo mariposa con chorizos y la punta trasera fileteada. Las guarniciones preferidas para los asiduos son el arroz blanco o salteado, las papas al vapor o fritas y los vegetales mixtos. Una entrada fabulosa son los pimientos de piquillo rellenos con salmón, mero o bacalao al gratén y el queso de cabra a las finas hierbas.

Como postre, el reinado se lo lleva la crema catalana, la cual se impone durante toda la semana, al igual que el queso manchego con membrillo. Ocasionalmente la clientela puede saborear un exquisito quesillo rociado con anís la Castellana, o bien  el tartufo, así como  los melocotones con mantecado y una pastelería selecta que culmina con un orujo excelente de la casa.

En El Guernica no solamente cautiva la carta y los olores que surgen de una cocina que seduce los paladares, también la atención de su personal es gratificante. Una opción relajante y gustosa para todo aquel que disfruta del buen comer. En esta fecha del Mundial Brasil 2014, de lunes a viernes en horas del mediodía sus mesas permanecen aseguradas por la clientela que se desboca para sorprenderse con una carta llena de propuestas y sorpresas. Los sábados el panorama luce familiar y grupos enteros invaden la parte alta del local si no se ha reservado con tiempo.

Llegando a su medio siglo, el restaurante Guernica hoy en día está más vigente que nunca.  Desde muy joven se dedicó a cautivar los paladares de los venezolanos con una carta llena de manjares ibéricos que para la época causaron sensación en una Caracas que apenas acababa de salir de una dictadura y caía en brazos de la democracia naciente.

Ya siendo adulto, en la bohemia que representaba  la parroquia Candelaria, había conquistado un lugar infranqueable en lo que a su especialidad vasca se refiere. Era mucha la competencia, sin embargo,  Guernica se crecía cada vez más con una cocina que emocionaba y llenaba el local de políticos e intelectuales, de parroquianos y advenedizos que llegaban de todas partes de la ciudad, así como de turistas que visitaban la parroquia, conocida en el mundo entero como un lugar lleno de españoles que habían hecho de esta parroquia un rincón de su España natal. 

Con la madurez, los platos se fueron transformando y la cocina se fue especializando de tal manera que todo sibarita entre los 80 y los 90 tenía al restaurante como uno de los más consentidos por su exótica gastronomía.

El siglo 21 marcó la diferencia y Guernica creció cumpliendo con su máximo precepto: continuar obsequiando a sus visitantes, lo mejor de la comida española, platos que cautivaron y siguen conquistando los paladares de su ya bastante y exigente clientela.